Ningún genio ganó sin antes perderlo todo.
26/9/16
Recuerdo aquel día en el que tú y yo pintamos el cielo de morado. Hacía frio y yo, como de costumbre, tenía los labios cortados. Aquel día aprendí a bailar con la vida sin pisarla los pies. El cielo tenía un brillo incalculable desde tus ojos. Al fin y al cabo era un bonito día para decirme que ya no me querías. No apreciamos el valor de las cosas hasta que al fin conseguimos aprender algo de ellas. Y mientras tú me secabas cada lágrima que rondaba mis mejillas, la vida me gritaba que iba a seguir adelante, pero yo, como de costumbre, no me callaba. Me duele no saber apreciar los silencios porque todos me hacen sentir vacía. Me entristece escuchar los ánimos de quien me lo quitó todo de un plumazo. De quien te dice las cosas tal cual son. Me duele el silencio porque me recuerda a un invierno con sol, pero con frío. Aquel día el cielo era morado y tú y yo no llegamos a mirar hacia arriba. Aquel día el silencio se me clavó en la garganta y no me dejó decirte que lo que más echaría de menos sería tu forma de decirme que siempre podría con todo. Tu forma de creer en los finales felices. Tu forma de vivir, tu forma de decir 'te quiero'.
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