Ningún genio ganó sin antes perderlo todo.

1/11/16

Me conformo con bailar un ratito con la felicidad.

¿Sabes una cosa? Te quiero. Pero esta vez te quiero como no te quise antes; como nadie será capaz de quererte nunca. Te quiero libre. Te quiero cuando ganes, pero sobre todo cuando falles. Cuando me pidas perdón como si no nos hubiésemos reconciliado nunca. Cuando me toques el pelo y hagamos como que no nos damos cuenta. Te quiero, pero esta vez no te quiero solo para mi. Te quiero para ti, para mi, pero sobre todo, para el resto. Te quiero de otro modo, porque ya he aprendido a no ser egoísta. A querer mejor. Te quiero para desearte el cielo y esperar que algún día vuelvas y me cuentes hasta dónde has llegado. Te quiero para desear que vuelvas a suspirar por alguien detrás de tu almohada. Te quiero para las buenas, la malas y las regulares. Te quiero como nunca te quise porque mi mayor error fue quererte como si fueses para siempre. Hoy te quiero aquí y ahora. Nos quiero libres, pero felices. Dicen que el simple aleteo de una mariposa puede causar un huracán al otro lado del mundo. Te quiero para echarme a temblar cada vez que note ese aleteo. Para que tu regreso no sea el huracán que se lleva todo por delante, sino aquel que, de vez en cuando, vuelve para poner las cosas en su lugar. Te quiero como no te quise antes, porque esta vez sé que no hay para siempres. Pero lo que sí hay es la esperanza de un futuro mejor. Uno que deje de mirar atrás. Uno que ha aprendido a amar de la forma más valiente del mundo: a amar de verdad.


26/9/16

Recuerdo aquel día en el que tú y yo pintamos el cielo de morado. Hacía frio y yo, como de costumbre, tenía los labios cortados. Aquel día aprendí a bailar con la vida sin pisarla los pies. El cielo tenía un brillo incalculable desde tus ojos. Al fin y al cabo era un bonito día para decirme que ya no me querías. No apreciamos el valor de las cosas hasta que al fin conseguimos aprender algo de ellas. Y mientras tú me secabas cada lágrima que rondaba mis mejillas, la vida me gritaba que iba a seguir adelante, pero yo, como de costumbre, no me callaba. Me duele no saber apreciar los silencios porque todos me hacen sentir vacía. Me entristece escuchar los ánimos de quien me lo quitó todo de un plumazo. De quien te dice las cosas tal cual son. Me duele el silencio porque me recuerda a un invierno con sol, pero con frío. Aquel día el cielo era morado y tú y yo no llegamos a mirar hacia arriba. Aquel día el silencio se me clavó en la garganta y no me dejó decirte que lo que más echaría de menos sería tu forma de decirme que siempre podría con todo. Tu forma de creer en los finales felices. Tu forma de vivir, tu forma de decir 'te quiero'.

7/9/16

Hay tantas cosas por las que echar a correr, que merece la pena quedarse quieto. Tantas cosas por las que temblar, por las que gritar o por las que reir, que mis estados de ánimo han comenzado a llamarse entre ellos sentimientos. Ojalá algún día volvamos allí donde solíamos hacer girar el sol, y seamos nosotros esta vez quienes le demos la espalda. Que volvamos allí donde solíamos gritar, y sean nuestras propias voces las que se nos pongan en contra. Ojalá algún día alguien consiga entender que estábamos más enteros de lo que ahora parecemos. Que algún día alguien nos calle la boca. Que nos diga que no era tan distinto. Que no seguiamos ardiendo. Que las llamas se apagaron y todavía seguíamos soñando. Ojalá algún día alguien nos mire del revés y tus ojos vuelvan a llamar a un silencio. Uno de esos en los que el corazón se te sale por la boca.

6/9/16

Y de repente las cosas parecen ser fáciles de nuevo. Y las palabras dejan de pesar con la persona menos adecuada. De repente la gente ve tu mundo desmoronarse mientras tú empiezas a ponerle nombre a la nueva Grecia. Lo hiciste lo peor que pudiste y aún así lo hiciste mejor que el resto. Llegaste aquí y ni si quiera preguntaste por los cachos rotos que había alrededor. Te creíste mi talón de Aquiles cuando yo todavía no había ni abierto los ojos. Perdóname, pero cuesta. Cuesta mantenerse firme cuando estás cagada de miedo. Todo va mal pero ya no me importa. No importa porque ya no sé ni el criterio que hay que tener en la vida: -agarrarse o echar a correr-.

22/8/16

Parece que va a llover. El cielo sigue brillando, pero ha dejado de tener esperanza. Me recuerda un poco a ti. A tu manera de ser. A tu manera de ver la vida. Tú siempre solías decir que no tenías nada que perder, que un otoño con sol no serviría para equilibrar la balanza. Hoy parece que va a llover, y de pronto me da por pensar en la cantidad de gente a la que le pillará por sorpresa. A los que les pillará en medio del orgasmo, a los que les pillará en el trabajo, o tal vez a aquellos que les pillará diciendo te quiero. Incluso perdón. Y cómo te comes un perdón húmedo y afónico. Un perdón que no es capaz de valerse por sí solo, que tampoco tiene nada que perder. Un perdón brillante e impoluto como tú. Un perdón con ganas de decirte al oído que estás más guapa cuando piensas que hay futuro. Que lo que todavía no has perdido es tu oportunidad. Porque la vida sí da segundas y terceras oportunidades. Lo único que hace falta es saber verlas llegar,


y no perder nunca unos brazos con los que agarrarte a ellas.

3/7/16

Sigue un poco más. Me encontrarás en el cuarto verso, en el minuto 02:14 de aquella canción con la que se me erizaba la piel cuando me tocabas el cuello. No prometo hacerte feliz, eso ahora no está en mis planes. Tampoco lo está el hacer feliz a nadie. Decidí tirar todos mis planes por la borda cuando el barco ya se había hundido del todo. También decidí que hacerse feliz a uno mismo no debía considerarse ningún plan. Y pienso que para eso nunca es tarde. Estoy aquí para quien sepa hablar del cuándo y no de los porqués. Para quedarme con las ganas y quitártelas después. Estoy aquí por si te apetece dejar de pensar. Por si quieres tirarte por la borda conmigo. Por si te apetece ser mi iceberg y no mi salvavidas. Por si te apetece hundirte conmigo, y no dejar que nadie nos salve-

-porque quien entra en tu vida prometiendo que te la salvará, se la pasará esperando el momento de tu caída.

Todo el mundo quiere ser un héroe, pero nunca el de su propia vida.

19/6/16

2:35 a.m

Hay psicópatas que todavía creen en el amor, o al menos en algo parecido. Hay a quien todavía se le pone la piel de gallina y le tiemblan las piernas. Los hay de esos que todavía te dejan sentir la soledad para saber quién eres, (y para saber quién no es, o quién no va a serlo contigo). Quienes respetan el silencio y no lo aprovechan para decir adiós. Quienes abrazan por necesidad y no por conveniencia. Hay quienes te meten mano con los ojos cerrados y el corazón en la boca. Quienes no tienen miedo de ser quienes son. Que hay quien todavía se acuerda de ti en su cama a las cuatro de la mañana. Los hay de esos que te invitan a una (o tres) copas cuando tienes un día de mierda. Quien te besa borracha y quien te mira como si sólo quedase una noche más en la Tierra. Quienes te llevan de noche y te hacen ver las estrellas,
hasta cuando el cielo está nublado,
el viento sopla de costado
y a ti te sobra ropa.