Hoy me he mirado en un negro brillante, en dos ojos que enmudecían mientras me veían llorar. Me he tumbado en la esperanza de un futuro en blanco y negro. En las ganas de retroceder y gritar, -que no vale dispararse a plena luz del día-. Me he sentado al lado de las ganas de mirarse en público. De decirse al oído que te follaría aquí mismo. Me he dormido al lado de la felicidad y ésta se ha reído de mi, (y de todos). Me he acostado con la tristeza y he sudado ganas de vivir. Porque a veces las cosas se vuelven del revés, y el desorden se vuelve más firme que nunca. A veces te cogen de la cintura y tú te dejas caer porque llevas demasiado tiempo arrastrándote. Que a veces dejas de conformarte. Y empiezas a ser quien eres, y empiezas a desconocer a otros. Vaya movida más bonita lo de reconstruirte a ti mismo. Me han dicho que hay quien se pierde esa experiencia en la vida. Que hay quien dice ser quien quiere ser todos los días de su vida. Y yo no me lo creo. Y no por ser incrédula o por tocar los cojones, que también. Sino porque necesitas que te bajen las bragas y te abran la mente personas inadecuadas para saber que nadie te quiere mejor que tú. Y para eso hace falta tiempo. Paciencia. Y amor propio, mucho amor propio.
Nadie te enseña a querer mejor que tú.
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